Vacaciones e inversiones

Algunos ya están y otros empezamos el momento más importante del año. El descanso del guerrero. Las vacaciones. Para la mayoría es una oportunidad de tener ese tiempo libre que nos falta durante el año, para dedicarlo a nosotros mismos y nuestras familias, el ocio, turismo, hobbies y aficiones que tanto nos gustan y ayudan a desconectar del trabajo y las rutinas diarias. De ese trabajo que asumimos como negativo y fuente de casi todos nuestros problemas. Es el momento de huir. Sin embargo, cada vez es más frecuente que sea un momento de conflictos familiares, agobios por que hacer, la agenda vacía, sentir una "obligación" de pasarlo bien, y lo que es peor, la comparación con los amigos o compañeros del trabajo, por presumir de las mejores vacaciones. La dichosa competitividad hasta en vacaciones. Todo esto nos genera nuevas tensiones y situaciones de stress, tan absurdas como lamentables. El ritmo de vida que llevamos y que nos han programado desde pequeños, nos lleva a que siempre estamos conduciendo al límite de la velocidad permitida, a menudo sin necesidad e incluso sin saberlo. Siempre con la mente puesta en el futuro, temerosos de lo que pueda pasar, o en el pasado, lamentando los errores y desgracias. Las vacaciones se han convertido en el oasis, el único momento que nos permitimos ser nosotros mismos, serenarnos, vivir plenamente conscientes, disfrutar de la vida y atender a lo que de verdad importa. Mucha presión y programada. Esto es una maldición extendida por toda la sociedad, que nos impide admitir la necesidad y obligación natural, de vivir y pensar cada día en nosotros, en lo que de verdad nos importa, vivir el presente, pararnos, respirar profundamente, recordar lo bueno que nos ha pasado hoy y disfrutarlo. Aprender de los errores. Ser conscientes. Simple. Pensar, que no es malo, y además es gratis. Esto poco a poco nos ayudará a ser más positivos, relajarnos y reducir la carga negativa que cada día vamos acumulando. Suena bien, pero no lo hacemos. Es imposible. Intentamos justificarnos con la falta de tiempo, obligaciones u otras prioridades. Cumplimos la fábula del leñador que nunca afila la sierra, porque no tiene tiempo con tantos árboles por cortar. Por ello, al final sólo nos permitimos disfrutar de la vida una vez al año, y de esta forma estamos trasladando toda la tensión acumulada a las vacaciones, cuando podremos cumplir con nuestros deseos y anhelos. Estoy seguro que todo esto nos suena, pero seguimos igual año tras año. Hace unos días estuve con un buen amigo, experto asesor de inversiones, a quien le pregunté cual había sido su mejor inversión, la de mayor éxito, y en que estaba recomendando invertir ahora. Tenía que aprovechar la oportunidad. En estos momentos parece difícil buscar buenas inversiones, con rentabilidad y riesgo moderado. Su respuesta fue: "para ser sincero, conozco muy bien en que debería invertir, pero aún no lo he hecho. No he podido, pero estoy en ello. Es triste pero cierto. Todos sabemos que somos el mayor bien que tenemos, y el tiempo es nuestro mayor tesoro. Esa es la mejor inversión."

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